El candidato Imprimir E-Mail
escrito por Iván González Romero/Tomado de El Mundo   
jueves, 23 de agosto de 2007

De la cantidad de caracteres que hemos escrito acerca de Kelvim Escobar, casi todos han sido dedicados a alabarlo como monticulista. Ahora, cuando vive su mejor momento en su carrera y es el pitcher de cabecera de un contendor al banderín divisional, es difícil eludir la tentación de ponderar su talento.

Escobar está entre los lanzadores más calientes en los últimos meses. Cuando en julio el manager Jim Leyland dejó de tomarlo para el Juego de Estrellas, generó una nueva polémica luego que los fanáticos tuvieron posibilidad de añadirlo a los estelares. Como no fue beneficiado, optó por tomarse unos días de solaz en Cancún, al lado de su pequeño hijo.

Tal vez esa actitud sea la que le haya permitido dar el salto hasta la cima. Una estrella del beisbol debe tener, además de condiciones atléticas para destacar, aplomo suficiente para sobrellevar un momento adverso. Su carrera ha tenido saltos pues ha combatido lesiones, ha hecho el cambio de abridor a relevista para volver a convertirse en abridor, sin que la diferencia en la rutina de trabajo ni en la preparación y adaptación a las distintas situaciones del juego le afecten su rol. El inmortal Dennis Eckersley, o más recientemente John Smoltz, son ejemplos de ese cambio exitoso.

Esa sapiencia paga dividendos en la actualidad. Escobar se metió en la pelea por el premio Cy Young de la Liga Americana, un galardón que también persiguen Johan Santana, Fausto Carmona y Eric Bedard, entre otros.

La refriega por el trofeo se muestra particularmente interesante, pues todos presentan números que obligan a llevar adelante una comparación minuciosa.

Kelvim, a pesar de estar en un equipo ganador, no ha contado con el suficiente respaldo ofensivo de sus compañeros. La noche del martes fue una excepción, cuando los Ángeles de Los Ángeles y Anaheim le hicieron 18 carreras a los Yanquis. En esto se parece a Santana, pues el zurdo de Tovar juega con el equipo de peor ofensiva en las mayores.

El premio Cy Young no tiene ese carácter banal del Juego de Estrellas, pero hay algo de popularidad envuelto en él. La promoción, el prestigio ganado y la exposición en los grandes medios ayuda a conquistarlo. Ojalá y siga sumando méritos, pues esta vez no habrá Cancún que mitigue la frustración de lanzar bien y no tener el reconocimiento de los especialistas.


 
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