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Era domingo en la noche en la ciudad oriental, otra noche sin dormir para Candelario. Ya eran varias las noches en las que el hombre de negro no conciliaba el sueño, demasiada fatiga al tumbarse en la cama.
El hombre lucia como derrotado después de una jornada más de trabajo con su pito, ahora pareciera que le gusta poco dormir. Todos sabemos que dormir es desconectarse, ir a otro sitio, relajarse. Para Candelario no es así, el hombre no duerme, las pesadillas lo agobian.
Como dormir en esa noche de calor húmedo de Puerto La Cruz, como olvidar los gritos enardecidos de una hinchada que fiel a su equipo no paro de gritarle “arbitro pajuo, arbitro pajuo” toda la noche. La gente decía en la tribuna, “Candelario es el mal de los equipos chicos”, otros murmuraban “Es que el Caracas no se puede ir de Puerto La Cruz con tres goles en el saco” y uno decía como si viera el futuro, “Hasta que el Caracas no se vaya arriba, el arbitro no se quedará tranquilo”. Si, fue grosero el arbitraje de Candelario, no se puede ocultar. De nada valdrán estadios de primer mundo, una liga en expansión, más jugadores de fútbol, si los hombres de negros son dirigidos por el señor Andarcia. Las autoridades deben tomar medidas. Esa noche el Deportivo brilló en el primer tiempo, desbordó al equipo campeón. Por la banda izquierda el juvenil Carlos Enrique Fernández, quien apenas debe pesar 60 kilos volvió locos a los consagrados Leonel Vielma y Franklin Lucena. El “pequeño” Rondón lució renovado e incisivo en el ataque. Pero eso no fue suficiente, el Sr Candelario tenía guardado su flaco aporte para los Rojos del Ávila. Andarcia anuló un gol claro del colombiano Zamir Valoyes, el cual abultaría el marcador 3-0. No contento con eso se inventó un penalti al atacante capitalino Emilio Rentería. No es exageración lo del invento del penal, la jugada fue en el borde del área, dos hombre subieron a cabecear y en la legítima disputa Rentería resultó supuestamente lastimado. Andarcia sin rubor alguno hizo sonar su pito señalando el tiro penal. Como complemento al señor se le acabaron las tarjetas en el juego, llevando la peor parte casualmente el Anzoátegui, quienes quedaron con un hombre menos. Ya así, en esas condiciones, un equipo sólido como el Caracas no podía desperdiciar tantas oportunidades, por supuesto remontaron, pero por si las dudas, el hombre de negro dio un pírrico descuento a pesar que hubo muchas detenciones en el periodo. De esa manera, entendemos porque esa noche el Sr. Candelario Andarcia tampoco durmió.
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