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Las Relaciones Públicas emplean como política la transparencia y el reconocimiento de los errores, cuando se está en la búsqueda de cercenar los conflictos. Son muchos los ejemplos de grandes corporaciones que emplean esa táctica para cortar rumores o mala publicidad que gira a su alrededor. Piense usted en la manera como se evitarían los malos comentarios cada vez que reconocemos que hemos errado. Nadie, ajeno a lo ocurrido, podrá tener suficiente autoridad moral para seguir con el dedo dentro de la llaga.
El beisbol no es un terreno fértil para las Relaciones Públicas en su manera más pura. Este deporte tiene estrictos códigos. Nadie habla mal de su contrario y pocas veces lo hace para ponderar sus virtudes. Nadie deja colar las interioridades de un equipo, ni las pugnas de los clubhouses, o los pecados de sus compañeros en momentos clave (recuerden a Omar Vizquel y José Mesa). Así como es beisbol es árido en ese aspecto, es abono para comentarios de toda clase.
Nada más laborioso que hallar confirmación de lo que puede ser un escándalo bien escondido. La ausencia de Bob Abreu con el Caracas podría ser un tema al cual una crónica chismosa podría sacarle provecho. El jardinero de los Yanquis de Nueva York prometió jugar con los Leones y comenzó a prepararse para tal propósito, pero de pronto tomó sus cosas y no volvió a uniformarse de felino. La afición comenzó a preguntar por él. La prensa escudriñó a más no poder frente a cualquiera que pudiera conocer de su paradero. En principio, sólo se obtuvo como respuesta la posibilidad de que "Comedulce" tendría un tiempo fuera para resolver asuntos personales. Nada en concreto sobre su partida o sobre su posible retorno. Según mi punto de vista, Abreu no va a regresar al Caracas, a pesar de algunas declaraciones respecto a una vuelta "después de culminar sus compromisos". ¿Acaso jugar con un equipo no es ya un compromiso para un pelotero profesional? Éste se puede romper cuando las condiciones no están dadas para mantenerse, y tal parece que el divorcio de Bob con su equipo en Venezuela se debe a otro tipo de roces. El Caracas no vive tiempos fáciles y eso se refleja en los rostros de quienes llevan las riendas de esa divisa, tanto en las oficinas como en el terreno. Tantas estrellas juntas, tantas personalidades encerradas en una cueva, terminan por explotar ante las desavenencias de las derrotas. Eso ha podido servir para incubar discordias que provocaron la ruptura. Algo se vio el día del único juego de Abreu, cuando su figura pudo pasar desapercibida ante el homenaje que se le rendía a Omar Vizquel, de no haber sido por la gritería de la afición.
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