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No parece estar muy claro el futuro de la pelota profesional en Puerto Rico, lo que podría aumentar la participación de los jugadores de esa isla en nuestro circuito, durante el próximo torneo
El solitario parque Hiram Bithorn, en San Juan de Puerto Rico, sonaba triste y lúgubre cada vez que un pelotero dejaba caer su bate sobre la grama artificial. De igual manera sonaban los gritos de los peloteros pidiendo una bola, o las sentencias de los umpires después de cada strike cantado. Esos sonidos generalmente no llegan a las tribunas de los parques, pero en los últimos años esas sillas vacías dejaban escuchar las interioridades del juego.
Ese mismo ambiente, árido para propiciar interés en el juego, se vivía en todos los estadios del circuito rentado más antiguo del Caribe. Esa fue la señal inequívoca de que algo malo estaba por suceder, por lo que al saberse que en la Isla del Encanto no se jugaría beisbol profesional en la campaña 2007-2008, nadie mostró mayor extrañeza. A comienzos de agosto, el presidente de la liga, José Andreu García, dijo que la cancelación de la campaña tenía el propósito de emplear los próximos 12 meses en la elaboración de un plan que atienda sus problemas más urgentes. "No es un secreto para nadie que la Liga de Beisbol Profesional ha venido confrontando dificultades de todo tipo. Confrontados con esta realidad, hemos decidido explorar con qué recursos contamos y tomarnos un tiempo razonable para elaborar e implantar las medidas que consideremos necesarias", indicó Andreu García en conferencia de prensa. Hubo propuestas para salvar al circuito. Michael Pérez, presidente de la Asociación de Peloteros Profesionales de Puerto Rico, planteó realizar un torneo con cuatro equipos, los más solventes del circuito, para así brindarle la oportunidad de trabajar a varios de los atletas. "También propusimos hacer mercadeo central entre los equipos participantes, pero nadie nos tomó la palabra", lamenta el gremialista puertorriqueño. LAMENTO BORINCANO Las perspectivas no son muy alentadoras para el circuito de esa isla.
La afición se alejó de los estadios hace tiempo y las promociones escaseaban. No se debía a la falta de interés de los aficionados por la pelota porque, como cuenta Pérez, el Clásico Mundial fue un éxito taquillero. "Nosotros queremos que el circuito progrese, pero los gerentes de este beisbol han sido muy malos administradores", sentencia Pérez. En Puerto Rico se han hecho gestiones, pero ninguno parece fructificar. La semana entrante, durante la realización de la Serie del Caribe se escucharán los planteamientos de Francisco Puello Herrera, presidente de la Confederación del Caribe, así como los planteamientos de los peloteros, los principales afectados, quienes tendrán su asamblea de la Confederación de Peloteros profesionales. Entre los planteamientos salidos de Borinquen estuvo la idea de que Major League Baseball interviniera ese circuito y tomara las riendas. La persona contactada fue Lou Meléndez, vicepresidente de operaciones internacionales de esa entidad, a quien se le pidió involucrarse en esa crisis. Esta semana, ese ejecutivo atendió una llamada telefónica de este diario y reconoció que sí existe interés en el futuro del circuito. "Esa liga es muy importante para nosotros porque allí ocurre el desarrollo de muchos de los talentos que nutren a las mayores". Al repreguntarle por planes inmediatos, respondió que "en estos momentos se le está dando seguimiento a las series de exhibición que se jugarán en China y Japón, pero quien estará al frente de todo este proceso será Paul Archie, otro miembro del directorio de MLB". HAZME LA MALETA QUE ME VOY Toda esa incertidumbre no es más que un caldo de cultivo a la desesperanza. Lo único claro es que la pelota profesional no parece estar cerca de regresar a esa isla. Ante ese panorama, la diáspora no se hizo esperar. Este año, los "fiebrúos" de la pelota puertorriqueña tomaron ruta hacia los circuitos de México, Dominicana y Venezuela.
Su presencia, además de enriquecer el beisbol que se jugó en estos territorios, produjo una retroalimentación interesante. Si bien todos han jugado en el llamado "beisbol organizado", pudieron sentir cómo se vive en los demás países. En nuestro país el impacto fue inmediato. No hizo falta mayor adaptación al idioma, y la comida, a grandes rasgos, era muy parecida. Los peloteros borincanos mimetizaron de inmediato. Los rumores sobre la inseguridad y la crisis política no pudieron más que el saborcito que noche a noche brindaba la afición, y la competitividad sobre el terreno, terminaron de proporcionarle elementos para sentirse a gusto en Venezuela. "El fanático venezolano se mete en el partido desde el primero hasta el último inning y jamás deja de gritar y animar a sus jugadores. Los aficionados me han tratado súper bien. En Valencia, la gente me paraba en la calle para hacerme comentarios de los juegos y de mis actuaciones. Para mí, esto es un éxito luego de ser el líder de salvados del Magallanes", decía Iván Maldonado, quien jugó con los turcos, para luego reforzar a los Tigres en el primer play off. Willie Collazo fue claro al decir que, de no resolverse la situación en su país, gustosamente retornaría a los Tiburones. El zurdo, quien había lanzado en Venezuela, pero con los Gigantes de Carolina en la Serie del Caribe, no cesó de hablar de lo bien que se sintió en el circuito. Ningún pelotero quiso confirmarlo, pero la desilusión ante la actitud de los dueños de equipos en Puerto Rico, y la diferencia de salario que reciben en nuestro país, he hecho que muchos comenten en su círculo más íntimo el gusto que tendrían por regresar a Venezuela. |