Beisbol a fondo Imprimir E-Mail
escrito por Pedro García   
lunes, 22 de septiembre de 2008

Hoy es uno de esos días en los que me siento profundamente nostálgico. Se fue un grande, para darle paso a una nueva y moderna replica. No creerá usted, mi apreciado amigo, que cual retardatario me niego a aceptar la llegada del progreso y de la modernidad. Todo lo contrario, lo aplaudo, y la sensación de tristeza se convierte en una profunda alegría cuando el Pasatiempo Nacional, de Estados Unidos y Venezuela, nos presenta una construcción tan llena de innovaciones y comodidades como el nuevo Yankee Stadium.

Pero hoy la nostalgia me vence, los ojos se llenan de lágrimas y la mente de grandes recuerdos, cuando recuerdo los momentos vividos en la Catedral del Beisbol.   Por supuesto que difícilmente abandonarán mi memoria los ¨No hitter¨ de Wells, Gooden, Cone, Righietti, los salvados de Gossage, Wetteland y Mariano, los Homeruns de Reggie, Munson, Chamblis, Wiinfield, Giambi y Matsui, y la llegada de una de las generaciones más importantes de la reciente historia del deporte, encabezada por Derek Jeter.  

Pero hoy mi memoria va mas allá. Hoy recuerdo a ¨Pancho Pepe¨ Cróquer, Carlos Tovar Bracho, Buck Cannel, Juan Vené y por supuesto recuerdo muy especialmente a¨ Musiú¨ Lacavalerie, el más importante narrador que jamas escuché. La Maravilla del Facebook, creó un grupo de recuerdo al ¨Musiu¨, y en ese grupo su hijo, Marco Vinicio de Lacavalerie, hombre ligado histórica y emocionalmente al Beisbol, colocó un documento fotográfico que perdurará por siempre. Musiú, al lado de Mickey Mantle. Dos Grandes en el Grande.  Sigo viajando en mis recuerdos y recuerdo mi primera visita a tan mítico parque. Corría el año 1978 y mientras el Disco Music dominaba el mundo, mi padre, Gustavo García, un humilde cubano que fue a Venezuela a progresar y formar raíces, llevaba al menor de sus hijos, Pedro, por primera vez a un juego de Beisbol.  La verdad jamás olvidaré mi entrada a Yankee Stadium. Su verdor, su olor a historia, su profunda mimetización con Nueva York, y su latido, porque este estadio latía al compás del corazón de sus fanáticos se grabaron inmediatamente en mi memoria. 

Jugaban los Yankees contra Texas y en ese juego estaban muchos de mis peloteros preferidos y otros que conocí ese día, como por ejemplo un rubio tercera base de Texas llamado Buddy Bell.   Recuerdo el Himno Nacional, la gran bandera de los Estados Unidos y el uniforme inmaculado de los Yankees, el jonrón que Reggie Jackson conectaba ese día y la para entonces moderna pizarra en la que salía primero REG y después GIE, y la gente gritaba por Reggie Jackson al ritmo de la pizarra. Lo recuerdo todo con profunda emoción, pero recuerdo aún mas la cara orgullosa de un padre, que pudo llevar a su hijo a su primer juego de beisbol.  

Debo decir que aíi como mi amor por este maravilloso deporte nació con las horas al lado de un radio escuchando a Musiú, Delio Amado, Vené y Tovar Bracho, ese amor quedó sellado de por vida con esa visita a Yankee Stadium.  

Mi padre se fue hace 7 años, antes de tiempo para mi gusto, pero el tiempo me ha hecho entender que las decisiones divinas no se ponen en discusión. Hoy el Yankee Stadium se va con él, a reunirse con Ruth, Dimaggio, Rizutto, Mantle, Kubek y Munson.   Y se va con Pancho Pepe, Tovar Bracho y Musiú, a revivir viejas glorias y a disfrutar de tiempos mejores, llenos de Palcos de Lujo, asientos mas cómodos y mucha estridencia y colorido, como los parques de hoy.  

También el recuerdo de mi padre tuvo su continuación con el viaje de mi hermano junto a mis sobrinos a ver a Abreu, Rodríguez y Jeter, y en el nuevo parque, algún día, los Hijos de Gustavo y Licho, mis adorados sobrinos,  serán testigos de una tradición silenciosa pero llena de amor familiar, la visita al ¨Templo del Beisbol¨. 

No hay que ser fanáticos de los Yankees para querer al Yankee Stadium, pero hay que ser fanático del beisbol para entender lo mucho que significa el fin de esta era.   Del recuerdo solo quedará el aroma que jamás abandonará mi cuerpo y la fuerza de una mano, que apretando la mía me llevó a vivir los mejores momentos de mi vida.   Gracias Yankee Stadium.   Gracias Papá. 


 
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