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Los que habíamos dudado del éxito de afluencia de público durante las Series del Caribe, debido a que el aficionado puertorriqueño había mostrado en los últimos años que su interés por esta competición estaba empezando a decaer, tenemos que callarnos la boca ante el impresionante lleno del partido entre las Águilas y los Gigantes.
Sí, parecía que me había equivocado al juzgar tan duramente a mis paisanos boricuas y, por fin, esa afición había despertado y se volcaba con su equipo llenando las gradas. Pero, en ese momento, descubrí algo en lo que no me había percatado. Si los puertorriqueños llenaban el estadio, ¿por qué la mayoría de las banderas que veía eran dominicanas? Así me di cuenta de que en realidad, lo que ocurría es que más de la mitad, sin duda, de los asistentes eran seguidores del país quisqueyano.
Una vez más, nos daban una lección y no sólo en lo deportivo porque tremenda paliza que endosaron a Puerto Rico. Hoy en día, y no es algo que diga ahora sino que hace tiempo que lo vengo proclamando, la República Dominicana es el rey del béisbol, el Brasil de la Pelota si hacemos una comparación con lo que ocurre en el fútbol. Esto no quiere decir que sean invencibles, tampoco Brasil lo es en el balompié. Pero sí que es el lugar del mundo donde el beísbol se ha convertido en algo más que un deporte y donde sabemos con seguridad que van a seguir saliendo nuevas estrellas que poblarán el firmamento de Grandes Ligas. Mientras tanto Venezuela y Puerto Rico (México es otra historia porque en realidad nunca ha sido el primer deporte del país azteca) tendrán que luchar mucho por llegar al nivel alcanzado ya por los dominicanos. Insisto, para que nadie se lleve a error, a que no me refiero exclusivamente al éxito deportivo; sino sobre todo a la capacidad de mover a aficionados y levantar pasiones. Una prueba muy clara es que las Águilas juegan siempre con alegría desde el primer lanzamiento del partido eso es muy importante y señal de que viven este deporte de verdad. A los venezolanos, por ejemplo, a pesar de derrotar ampliamente a México y de plantarle cara a los dominicanos, nunca les vi esa alegría. Son un gran equipo, como lo es Puerto Rico, pero las Águilas son otra historia. Aunque duela reconocerlo a los puertorriqueños, están en otra galaxia, y aunque se les gane o incluso aunque no salgan campeones de la Serie, tienen ese sello de éxito incrustados en sus guantes y sus bates. Lo tienen todo para ser un equipo mítico, como el último que ganó precisamente en las anteriores series que se jugaron en la isla del Encanto y donde destacó el gran David Ortiz. No les ocurre como a los Gigantes que pecan una vez más, como suele pasarle a los puertorriqueños en los últimos años, de no tener un lanzamiento consistente. Ya se sabe que los partidos, aunque pensemos lo contrario, quienes lo ganan son los pitchers. Y no les ocurre como a Venezuela que ha relajado su defensa, la verdad es que todavía no sabemos por qué, igual que no sabemos por qué no está aquí Cabrera y otros. Bueno, sí lo sabemos, pero no quiero ser tan punzante con estos jugadores que a lo mejor tienen más presión de la que pueden soportar hombres más experimentados como Tejada, a quien ya se ha visto que le importa poco lo que digan desde la MLB y los Orioles. Él se debe a su pueblo y nada más. En definitiva, no hay que menospreciar del todo el trabajo de Puerto Rico y Venezuela (México como dije, es otra historia) y hay que seguir animándoles porque nadie es perfecto... Sólo los dominicanos y yo, en el fondo y con sana envidia, me alegro por ellos. |