¿Tesoro nacional o el Beckham de Massachussets? Imprimir E-Mail
escrito por Antonio Rodriguez   
sábado, 17 de febrero de 2007

La gran atracción de los entrenamientos primaverales de este año en Florida es, sin duda alguna, el jugador japonés de los Medias Rojas, Daisuke Matsuzaka. Es el gran fenómeno mediático del momento en las Grandes Ligas y su llegada a Boston está siendo seguida con detalle en el país nipón donde este jugador es algo más que una estrella.

Todavía está por ver cómo se comporta en la competición que es lo realmente importante. De poco le va a servir a los Red Sox haber invertido nada menos que 103 millones en este jugador si finalmente no responde en el montículo que es lo que realmente cuenta. El impacto publicitario y de marketing es bueno, pero no se puede quedar ahí porque esperamos algo más de Matsuzaka que la simple imagen. No nos conformamos con que se convierta en el Beckham de Massachusetts. Queremos que esté a la altura del nivel que ha atesorado en Japón y que sus lanzamientos sirvan para llevar a los Medias Rojas, como mínimo al título de la división en el 2007.

Cuando llegó a Boston, Theo Epstein lo presentó como “un tesoro nacional” aludiendo a su fama en su país natal y en Fenway no han dudado en tratarlo como tal. También ha sido significativo que se le haya dado el número 18 que llevara Johnny Damon antes de pasarse al Imperio del Mal. Ahora, todos confíamos en que sea capaz de estar al nivel de lo que se espera. Para los Medias Rojas siempre ha sido clave de sus éxitos el pitcheo, ya que precisamente este es uno de sus puntos débiles históricamente, a pesar de contar con excepcionales figuras como Roger Clemens, Pedro Martínez, etc. Pero siempre les ha faltado el acompañamiento necesario en el bullpen y ese puntito de regularidad en su rotación para dar más seguridad a los fanáticos de sus posibilidades reales de partir como los grandes favoritos en la Liga y ser el equipo que todos temen.

Aunque realmente el día que eso ocurra, los Red Sox dejarían de ser lo que son porque podrían llegar a convertirse en Yankees y eso es lo peor que les podría pasar. Cuando Boston es el mejor, como en el 2004 y como podría ser este año en el que sabemos que sí tiene una buena rotación, lo es siempre con la incógnita en el aire de cuándo aparecerá un fallo y todo se irá al traste. En el fondo eso forma parte de su esencia y, bueno, así cuando ganan los fanáticos lo disfrutan más porque supone mayor esfuerzo que el equipo que lo hace todo a base de cheques y talonarios. Y no quiero decir con esto que no sea importante el dinero, porque sin él no tendríamos a Matsuzaka, pero hay que ir más allá del interés económico y contagiar al japonés del espíritu de Fenway para que adquiera ese sentimiento de orgullo por vestir el uniforme de los Red Sox y lo defienda con pasión como hizo Schilling en el 2004, cuando manchó con sangre sus medias blancas para convertirse en una auténtico Media Roja para siempre.

Si Matsuzaka no es capaz de adquirir ese enfoque, tendremos tan sólo a otro Beckham  para hacer anuncios, aunque en lugar de perfumes y moda va a tener que conformarse el japonés con Dunkin Donuts… Y no creo que eso sea lo que vaya a pasar porque Daisuke es capaz de mucho más y estoy seguro que este año podremos ver al tesoro nacional japones brillando con luz propia en Boston.


 
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