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El amor por la Vinotinto: Goles que valen más que mil jonrones

En Venezuela, el béisbol es rey. Desde pequeños, respiramos el aroma de la tierra roja en los estadios y soñamos con ser el próximo Luis Aparicio o Miguel Cabrera. Pero para algunos, hay un amor que compite con el béisbol: la Vinotinto.

En este artículo, quiero contarles las cuatro alegrías más grandes que he vivido gracias a la selección venezolana de fútbol. Son momentos que me han hecho llorar, gritar y sentir una unión indescriptible con mi país.

Cuatro alegrías, cuatro goles:
El golazo de René Torres a Argentina en 1985: Yo era un chamo presenciando cómo un defensor merideño le marcaba un gol al mismísimo Diego Maradona.

El golazo de Héctor «El Turbo» González contra Paraguay en 2001: La Vinotinto comenzaba a escribir su historia y yo la viví desde las gradas del Estadio Pueblo Nuevo.

El gol de Grendy Perozo contra Paraguay en 2011: Una clasificación histórica a las semifinales de la Copa América y un mar de lágrimas de alegría.

El gol de Salomón Rondón contra Canadá en 2024: Un empate agónico en los últimos minutos que nos dió la esperanza de seguir soñando en la Copa América.

El béisbol me ha dado grandes alegrías, pero la Vinotinto me ha dado algo más: la certeza de que pertenezco a algo más grande. La Vinotinto es un símbolo de unión nacional, una pasión que nos hace sentir orgullosos de ser venezolanos.

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